es el amparo de la luz
que atraviesa sombras
agazapadas en la búsqueda,
allí donde todo acontecer
es sencillez profunda,
paciente el esfuerzo y labor,
concentrado espíritu en su vida…,
allí, el hallazgo sorprende
por la gracia de una virtud que,
como huésped feliz
cargado de regalos inefables, se presenta.
Allí donde el tiempo
no se mide por minutos ni por horas,
pues todo sigue diversas líneas,
atajos,
novedosas formas orgánicas
que vibran y estremecen
las montañas,
curvaturas insólitas
que llevan destellos
de risas y gratitudes múltiples
en niveles que jamás supe que existieran,
allí habita el corazón,
allí palpita en su perfecto ritmo y alegría.
Isabel, 19-01-14

